Hay silencios que, cuando llegan, despiertan una multitud de sentimientos. Enojo, impotencia, angustia y, sobre todo, una sensación de vulnerabilidad. En Yucatán, ese silencio tiene un sonido inconfundible: el instante en que el ventilador deja de girar o el aire acondicionado se apaga y, de pronto,
Hay silencios que, cuando llegan, despiertan una multitud de sentimientos. Enojo, impotencia, angustia y, sobre todo, una sensación de vulnerabilidad. En Yucatán, ese silencio tiene un sonido inconfundible: el instante en que el ventilador deja de girar o el aire acondicionado se apaga y, de pronto, todo parece quedar suspendido. Después llega la incertidumbre. ¿Serán […]
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