Yo estaba encaramado en una cornisa, mientras nueve metros debajo había un río que se agitaba y a mis espaldas una fila de personas que esperaban. Un puente colgante con tres cables, uno para mis pies y dos para mis manos, se extendía sobre el abismo como una cuerda floja. Un temblor ya me subía […]
Yo estaba encaramado en una cornisa, mientras nueve metros debajo había un río que se agitaba y a mis espaldas una fila de personas que esperaban. Un puente colgante con tres cables, uno para mis pies y dos para mis manos, se extendía sobre el abismo como una cuerda floja. Un temblor ya me subía […]
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